Grandes falsificadores de la Historia

Grandes falsificadores de la Historia


ALGUNOS DE LOS MÁS GRANDES FALSIFICADORES DE LA HISTORIA:

1- En la Argentina, Elmyr de Hory, quien se paseaba por la Avenida Alvear con su monóculo de oro en la década del 60’, fue uno de los más famosos falsificadores de arte moderno, ubicando en todo el mundo obras falsas de Matisse, Picasso, Chagall, Vlaminck, Degas y Renoir.
Sabía que falsificando obras contemporáneas podía adquirir la pintura y las telas en los mismos negocios que el artista, lo que dificultaba cualquier expertizaje.
Poco antes de morir, expuso en Madrid sus obras bajo el título de “Al estilo de…”, poniendo en evidencia su trabajo.
2- Thomas Hoving fue director del Metropolitan Museum y escribió muchos libros sobre falsificaciones, pero también fue acusado de participar en la manufactura y venta de 2500 obras de Modigliani, Goya, Van Gogh, Rembrandt, Toulouse, entre otros.
Usó las técnicas más insólitas, como imitar la tinta sepia del siglo XVII con el del jugo extraído de las nueces húmedas. 
En un rincón de sus obras ponía la frase “Esto es una falsificación”, tapándola luego para que sólo sea visible mediante rayos X.
Tras vender su producción y ganar millones de dólares, lo hizo explícito y puso en evidencia a miles de expertos que analizaron sus obras y a los museos que las exhibieron.
3- En Francia, André Mailfert falsificó muebles haciéndolos pasar por antiguos; decoró palacios y casas con sus boisseries completas, alfombras y cuadros; más tarde falsificó la biografía del ebanista, su diario del siglo XVIII y hasta realizó su retrato.
Pero como nada de eso le resultó suficiente, levantó la que hubiera sido su casa antigua, la transformó en museo y creó el mito de una escuela de ebanistería de Loire que jamás pudo haber existido.
Hasta que murió y se publicaron sus memorias, nadie sospechó de sus obras.
4- Hans van Meegeren fue un pintor desconocido en Holanda que decidió realizar cuadros de Vermeer y venderlos.
Fabricó los aceites originales, importó el lapislázuli para los azules molidos a mano, las lilas para extraer de sus pétalos el color vegetal; los pinceles con pelo de los mismos animales; las tablas y telas tomadas de cuadros de la época que eran borrados. 
Para las resquebrajaduras había encontrado el punto justo del horno para provocar los quiebres, colocando luego el barniz para imitar la suciedad
Sin embargo, hubo un único ítem imposible de evitar: la presencia de metales modernos en el blanco… pero a nadie se le ocurrió cuestionar estas obras.
Fueron tomadas tan seriamente que, antes de exhibir una de ellas en el Museo Boymans, las roturas y suciedad que él había provocado intencionalmente fueron restauradas.
Escrito por Alejandra Gonzales Martinez
Fuentes: Citas tomadas de “Arte y falsificación en América Latina” de Daniel Schávelzon